¿Alguna vez han sentido que se
niegan ante una oportunidad única e irrepetible por puro miedo y cargo de
conciencia? Eso me pasó hoy y tengo un nudo en la garganta provocado por
sentirme bien y mal a la vez.
Siempre se ha dicho que las
oportunidades deben aprovecharse en cuanto llegan porque luego puede ser muy
tarde. Es cierto, nada garantiza que veremos el día de mañana, cuando te llega
la hora, te llega y qué importa todo lo que no hayas vivido. Pero muchas de
esas oportunidades no son “moralmente correctas” como dice mi catedrático de
Ética Profesional. Y es por eso que entra la duda y termina uno mejor
retirándose de la situación para protegerse, para no meterse a problemas o
simplemente para estar en paz con la conciencia.
La situación ameritaba lo que
tanto vengo deseando de un tiempo para acá, realmente él lo propicio todo de
modo que el momento se diera, solos, en un lugar con una vista muy linda y una
plática amena como siempre, pero más allá de todo eso nos encontrábamos en esa
situación debido a que como amiga tenía el deber de acompañarlo y escuchar la
historia de su rompimiento con la novia de 3 años. Bien sabido tengo que él me
ve más como mujer que como una compañera o amiga, no es historia nueva eso, y
he dejado que la situación continúe porque sabía que nada pasaría mientras el
mantuviera su relación con su novia. Hasta hoy.
Luego de escuchar atenta su
historia y las razones por las que la relación había terminado, empezó a tocar
el tema de que a parte de la monotonía y lo demás que había mermado su relación
había una razón mucho más grande detrás que lo confundía, y estoy segura que
esa razón soy yo. No quise dejarlo terminar y cambié el tema. Finalmente como
acostumbramos nos dimos un abrazo de despedida con sabor a “no me sueltes” y me
desarmó totalmente escuchar la aceleración que tenía su corazón antes de
pedirme que lo besara… si, ¡un beso! Al fin después de varias semanas la
oportunidad estaba ahí frente a mi ¡clara y tentadora! Pero tan diferente a
como lo esperaba, puesto que me niego rotundamente a ser solo un consuelo en un
momento en que no tiene nada claro de qué va a pasar en su vida o en su
relación. Me niego a darle un momento de alegría a cambio de que posteriormente
vengan a su mente más confusiones y dudas y a la mía un sinfín de ideas que
pueden ni siquiera llegar a realizarse. Me niego a aprovecharme de su debilidad
en un momento de desequilibrio emocional. Y en una fracción de segundo estaba
totalmente convencida de que no iba a suceder nada por más que ambos
quisiéramos con tantas ganas. En lugar de sentir, pensé… y puede que me
arrepienta por no haber actuado como dictaba el instinto pero puede que haya
sido la mejor decisión que haya tomado en los últimos días.
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