Soy la peor en cuanto a fuerza de voluntad...
Hace un mes y medio aproximadamente estaba totalmente convencida de que no quería tener nada que ver en relaciones interpersonales, al menos no hasta que me gradúe. Tenía todo lo que quería, las personas que tenía a mi alrededor con su sola presencia me hacian bien, ni una más ni una menos, la amistad y el amor de todos era lo que quería y me sentía completa.
Entonces ¿qué pasó? ¿en qué momento me puse a querer jugar con fuego otra vez? realmente no lo sé... siempre es igual, inicio las situaciones en mi vida con total inocencia, al cabo de un tiempo todo se me sale de las manos y termino pensando en que probablemente no tomé la mejor decisión.
Fue tan repentino que cuando abrí los ojos tras declarar abiertamente a los cuatro vientos que los hombres no estaban incluidos en mis planes a corto y mediano plazo, ya me encontraba precisamente en los brazos de uno jugando a ser amigos con derecho.
¿Quien fregados dijo que ya estaba lista para meterme a eso? Lo he hecho antes, una vez, y nada salió bien... ¿qué me hacía pensar que esta vez puede ser diferente? en serio, no se qué estaba pensando.
Tanto que alardeaba de mi total desinterés en el sexo opuesto, tanto que dije y defendí mi idea de no querer nada, tanto que sentía nauseas de solo pensar en la remota idea de volver a estar con alguien... y entonces llegó él... me pongo a pensar que lo hace tan especial que pudo venir a cambiar mi manera de pensar, que tiene que me convencí a mi misma de que debía aventurarme y darle chance a besar unos labios nuevos, a tocar una piel diferente, a sentir un cuerpo totalmente desconocido.
Ahora me encuentro pensando cada palabra que digo, midiéndome, cuando a mi lo que me encanta es ser totalmente yo, en todo el sentido de la palabra, pero tengo que controlar porque "hay que dejar las cosas fluir" por no presionar y por no parecer interesada en absoluto... Me encuentro fingiendo que no me importa, que hago lo que quiero porque puedo y mañana mismo si él desapareciera no me importaría y haría lo mismo con alguien más. Aquí estoy disimulando caricias, evitando que nuestras manos se encuentren, reprimiendo palabras bonitas y miradas que puedan delatar algo así sea pequeño.
No tengo la menor idea de qué voy a hacer con la situación, me repito mentalmente que no debo darle vuelta a las cosas y que deje que las cosas pasen como tengan que pasar, evitar ilusionarme es el mayor reto, un corazón frío me sería útil hoy, ayer, siempre, que el que tengo es tan bueno que ni yo me creo que sea mío, tan fuerte, tan adaptable... me sorprende y me queda claro que la cabeza no manda, ni debería hacerlo nunca... o tal vez en situaciones como esta sí...