jueves, 18 de junio de 2015

Mi primer experiencia laboral (Día 8)

En los últimos días la vida me ha cambiado bastante, y no es un cambio dramático en cuanto a la pérdida de algo o alguien, sino que simplemente me han sacado de mi "zona de confort".
Durante 5 años no hice más que estudiar, la Universidad se convirtió en mi segunda casa (incluso en algún punto de la carrera llegué a pasar más horas ahí que en mi propio hogar). Todo bajo control, todo en su lugar, conozco la facultad como la palma de mi mano, sé como llegar a cada salón o edificio, de hecho hasta conozco a la mayoría de gente que me rodea, y no es para menos, tanto año ahí era de esperarse que estuviera más que cómoda y acostumbrada.
Pero como en esta vida nada es para siempre, tenía que llegar el momento en que la vida dijera YA BASTA, HAY QUE PONER UN POCO DE EMOCIÓN, y llegué al punto de la carrera en la que se me requiere la realización de las prácticas profesionales...
Durante mucho tiempo esperé este momento, pasaba bastantes ratos de mis días pensando en cómo sería ser casi una profesional y trabajar en una empresa en donde aplicaría todos los conocimientos que la Universidad me ha brindado, imaginaba que sería cansado, que todo sería un reto, pero lo veía tan lejano, entonces me olvidaba de esos pensamientos y seguía con mi vida.
El momento lo escogí yo, pude haber dejado las benditas prácticas para después de cerrar incluso, pero consideré que era el momento adecuado, era mejor salir de eso lo más pronto posible. Y sin saber lo que me esperaba me aventuré al otro lado de la ciudad armada de un folder con un CV y documentos de rigor, y todo lo que sé en la cabeza, tratando de dar la mejor impresión posible, a base de una sonrisa y saludos, para que la encargada de Recursos Humanos no pensara que soy una loca que odia madrugar, el trabajo en equipo y con muchas inseguridades, por ejemplo.
Los trámites y el papeleo es tedioso, sin mencionar que por tratarse de una industria de alimentos, piden tarjeta de salud y esas cosas que te hacen hacer colas durante horas porque el sistema de salud del país está cayéndose a pedazos.
Luego la entrevista con el jefe inmediato, un tipo no mucho mayor que yo, el cual atosiga de preguntas sobre mi personalidad que jamás en la vida me había detenido a pensar... Están pendientes de tus expresiones y tu manera de hablar, es estresante. Finalmente logré sobrevivir a tanto trámite engorroso y me dieron la bienvenida... realmente y pensándolo bien, no se detuvieron mucho con mis estudios, no les prestaron la atención que yo creí, lo atribuyo a que solo sería una practicante.
El primer día fue difícil, es peor que llegar a un colegio nuevo! El jefe me hacía preguntas que yo sentía la necesidad de responder de forma ornamentada y exacta, lo cual me ponía más nerviosa, cuando las respuestas eran sencillas... no sabía donde estaban las cosas, tenía que preguntar por absolutamente todo, desde donde está la cristalería de laboratorio que necesito hasta cual es la clave de la computadora, cada día, siempre pregunto: "Disculpa, dónde están los goteros?", "Alguien puede decirme cuál es la clave de la compu?", "Cuánto tiempo se da de tratamiento térmico?", "ya no hay x cosa, a quién le debo pedir que traiga más?" y así, pregunto para todo, a todos, todos los días.
Al cabo de un par de días empecé con el síndrome de "no quiero ir a trabajar" y fue lo peor que pudo pasarme, mi cuerpo a penas está acostumbrándose al horario, a estar parada 5 horas, al largo camino de ida y de regreso a casa, a la demanda de parte de los jefes, a la presión que yo misma me estoy ejerciendo, y eso es ahora que no tengo que ir a la universidad, no quiero ni imaginar como será cuando empiece el semestre... Es pesado, es un reto, cuando pensaba en como sería jamás estuve ni un poco cerca de imaginar como realmente es, pero todo es parte del proceso, y pronto, muy pronto abriré los ojos y las 400 horas, los 80 días que durará mi práctica, habrán terminado y puedo apostar que sentiré una dicha enorme y eso me reconforta por ahora...